Internet me parece una herramienta fantástica para comunicar, expresar y compartir ideas, opiniones y aficiones. Gracias a la red podemos recibir información con rapidez, crear nuestro propio periódico, organizar un viaje o encontrar a antiguos compañeros. Es verdaderamente un invento revolucionario.
Se pueden consultar informes o artículos de opinión, incluso leer libros. Sin embargo es ahí precisamente donde situo el límite de lo digital, he intentado leer un libro en mi notebook, también en los nuevos e-books; pero confieso que no puedo. Necesito tocar la portada, abrir el libro, oler el papel y la tinta y pasar las páginas. El soporte natural del libro es el papel y no creo que nunca pueda ser sustituido.
Este fin de semana he leído Mendel el de los libros, una pequeña obra de Stefan Zweig que finaliza así: los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido. Seguramente esa sea la grandeza del libro frente a las nuevas tecnologías.




























