(e)Educar niños de 0 a 6 años

AUTOEVALUACIÓN PARA PADRES: Orden, sinceridad y obediencia.

Si es cierto que las virtudes están enlazadas unas con otras, no lo es menos que conviene centrarse en aquellas cuyo desarrollo es mas propio de la edad del hijo. En niños menores de siete años lo propio es el desarrollo del orden, la sinceridad y la obediencia. De la intencionalidad de los padres en la educación depende en buena parte el éxito de la misma. ¿De que sirve saber que virtudes debemos potenciar si no sabemos como?

Por medio de la autoevaluación de los padres, estos estarán en mejores condiciones de tener éxito. No se trata tanto de analizar al hijo, como de autoanalizar la intencionalidad de los padres, que buscan y a partir de ello organizar y aprovechar actividades con el hijo con el fin de que se interese y se esfuerce por conseguir el objetivo establecido. Contestar con monosílabos, “si” o “no”, no ayudará a aprovechar esta autoevaluación, explique “cómo” y “en que circunstancias”.

I. ORDEN.

Se trata de una virtud básica que comienza a “trabajarse” desde antes de que el niño nazca. Entre la edad de 1 y 3 años es el periodo de máximo rendimiento y aprovechamiento.

- ¿El cuarto del hijo está amueblado de tal manera que le resulte fácil coger y guardar los juguetes o cosas que usa habitualmente?. ¿Es él quien recoge, o , por comodidad y para no tener que exigir lo hace el padre?

- Se respeta en casa un horario mínimo: hora de levantarse, de acostarse, de comer, de jugar, etc..o por el contrario las cosas se hacen cuando “apetece”. - Según va creciendo, ¿tiene un encargo en casa? ¿Se le exige responsabilidad en su cumplimiento? ¿Se le ayuda a realizarlo aunque “no le apetezca”?

- ¿Cuida la ropa, los juguetes para que no se estropeen y duren más tiempo?. ¿Se le inculca el gusto por la limpieza y la higiene?.

II. SINCERIDAD

Aunque todas las virtudes se inculcan con el ejemplo, quizás sea esta una en la que el ejemplo es mas importante.

- ¿Se mantiene en casa un ambiente de escucha e interés por lo que se cuenta ?. ¿Se aprovechan o provocan momentos en los que, con naturalidad, se charle (Ej: en la cocina mientras se recoge, limpiando el coche, etc..?

- ¿Se justifican en casa las mentiras”piadosas” y se usan como si no pasara nada, ej: llama al teléfono alguien con quien no nos apetece hablar y decimos que digan que no estoy, me salto un semáforo en rojo y digo que no lo he visto?.

- Antes de hablar, ¿pienso lo que voy a decir y a quien se lo voy a decir, o solo me interesa que me escuchen?

- Cuando hablo con mi hijo, o le cuento o leo cuentos, ¿le distingo lo que es fantasía de lo que es real?

- Ser sinceros es ser valientes. Cuando mi hijo reconoce que ha dicho una mentira, ¿le riño por haber mentido o le felicito por haber sido valiente al reconocerlo?.

III. OBEDIENCIA

Quizás sea una de las virtudes más difíciles de conseguir, por dos razones : porque socialmente se considera la obediencia como un ataque a la propia libertad y porque exige un gran esfuerzo en hacerse obedecer.

- ¿Pienso que obedecer, en mi trabajo, en mi vida social supone una negación de mi libertad?

- Por medio del deporte, los juegos, etc todo aquello que requiere un reglamento se puede inculcar el amor a la obediencia ¿aprovecho esos momentos con mi hijo para ir explicándole para que sirve obedecer?

- Cumplidos los cinco años de edad, ¿combino la exigencia con la explicación, dando razones para obedecer a mi hijo? Por ejemplo el amor a sus padres.

- Ejerzo la autoridad con firmeza, buscando y exigiendo que el hijo obedezca a la primera, o por comodidad digo las casas y no exijo su cumplimiento?

EL LIBRO Y LA LECTURA

Quizás a mas de uno le resulte extraño que se pueda hablar de la lectura, de los libros a padres con hijos menores de seis años, cuando precisamente se aprende a leer a partir de esta edad. En las siguientes líneas pretendo mostrar que los lectores se forjan desde el nacimiento y que por tanto la lectura es un tema de formación para padres con hijos pequeños.

Los lectores se forman desde que nacen. ¿Quién no recuerda a Bastián (“La historia interminable”) gozando con un libro?. Cuantas sensaciones y vivencias extraordinarias se pueden vivir a través de un buen libro. Hoy en día la lectura, gran afición del tiempo libre, se encuentra minusvalorada y ha sido relegada en beneficio de lo audiovisual (T.V., Vídeo, etc...).

El ámbito más privilegiado para forjar lectores es la familia. Un hogar con libros, unos niños que vean leer libros a sus padres, son unos niños predispuestos a amar los libros. Los lectores se forjan en el hogar. Qué recuerdos podremos dejar a nuestros hijos contando o leyendo cuentos por la noche, o comentando con ellos sus libros. La lectura relaja, supone soledad, reflexión, pensar, es como un parón en esta vida tan ajetreada.

El niño, en los primeros meses se comunica por medio de lloros, gestos, pataleos... y también por medio de sonidos, que repite y repite, y le resultan muy divertidos. Es la época de los “cinco lobitos”, de “este puso un huevo...”, “aserrín, aserrán...”.

A estas edades a los niños les encanta ver cuentos con los mayores, libros de grandes imágenes y dibujos. A través de estos libros el niño aprenderá el nombre de las cosas, podremos jugar con él a encontrar cosas, y cuando lo encuentre le aplaudiremos, y reiremos juntos, le podremos contar cuentos cortos y poco a poco el niño relacionará los libros con momentos estupendos. Aprenderá palabras, y lo más importante, estará con papá y mamá.

Los libros unen a la familia.

-de 3 a 5 años (fantasía y realidad)

Por medio de la palabra el niño expresa sus sentimientos. En estas edades el mundo interior del niño es riquísimo y admite todo, lo real, lo absurdo, lo posible y lo imposible.

Nos encontramos en la etapa de la fantasía, de lo mágico. Es la edad de la imaginación y por lo tanto les encanta los cuentos, creen en los personajes, los imaginan, se alegran y sufren con ellos. Los cuentos deben ser rápidos, ágiles, con temas tales como hadas, animales personificados, etc...

Los libros evitan la uniformidad en el pensar, da rienda suelta a la imaginación, un libro puede ser leído varias veces y verse de distinta manera. La lectura no sólo sirve para entretener sino para formar. Por medio de la lectura podemos inculcar valores sociales, religiosos, morales, familiares.

Los libros no son neutros, transmiten valores o antivalores, por ello es muy importante que los padres sepamos que libros leen nuestros hijos. La lectura tiene que ser una actividad agradable, para ello deberemos estimular positivamente al niño, para que coger un libro sea para él un acto amable, positivo.

Cada edad tiene unas características, y por tanto no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis. Enseña a tu hijo a amar los libros. Los libros y las edades Decíamos que no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis.

Deberemos conocer las características propias de cada edad, además de la forma de ser del niño, pero básicamente valgan las siguientes indicaciones:

-De 0 a 3 años (aprendiendo a hablar)

La base de la lectura es la palabra, por tanto es fundamental la etapa de la adquisición del lenguaje.Conviene que les quede clara que es un cuento, y no realidad, y para ello podremos empezar diciendo aquello de “erase una vez”, “me contaron”.Deben existir pocos personajes y que intervengan niños y animales.

También es conveniente que quede bien delimitado el bien y el mal, no confundiendo conductas o sembrando dudas, y sobre todo debe existir un final feliz. El triunfo del bien.

-De 6 a 7 años (primeros lectores)

Es la edad ideal para motivar en la lectura, a través del cuento aprenden a amar los libros y a darse cuenta que leer entretiene y divierte. Convendrá que lean en bajo y también en alto, y de esta manera la familia participará de sus progresos y el niño saldrá reforzado en su motivación.

CONVIENE SABER QUE...

-Los lectores se forman desde que nacen.

-Existen libros para todas las edades.

-Para los más pequeños convienen libros con hojas duras y con grandes dibujos.

-Para los pre-lectores con algún libro de letras y dibujos.

-Es fundamental el ambiente de lectura en casa.

-Los libros no son neutros, dan valores o antivalores, hay que seleccionar.

-Debemos motivarles y disfrutar con ellos.

-El cuento es nuestro principal aliado para formar lectores, no nos cansemos de repetir el mismo cuento (les encanta y fomenta la memoria).

EL JUEGO Y EL JUGUETE

A veces se puede caer en el error de pensar que los niños pequeños son unos seres que están como en una antesala a la espera de ser mayores y entonces comenzar la tarea de la educación, y no caemos en la cuenta de que los primeros seis años de su vida son fundamentales para asentar las bases de su futuro.

Los hábitos inculcados desde esta temprana edad son cimientos sobre los que iremos asentando su personalidad. Se educa desde el nacimiento.

Preguntemos ¿qué hacen los niños hasta los seis años?. Los primeros meses dormir y comer, después ríen, andan, hablan,... y durante este tiempo una cosa es común ¡juegan!. Su actividad es el juego, se podría decir que su trabajo es jugar.

Por medio del juego estamos sentando las bases de niños ordenados, que sepan emplear su tiempo, que sean creativos, imaginativos. Por medio del juego podemos empezar a inculcar virtudes en nuestros hijos.

Los mejores juguetes de nuestros hijos somos sus padres y no somos susceptibles de ser sustituidos por ningún juguete, por muy caro que sea. Los primeros juegos del bebé son las sonrisas, los bostezos, las caras que ponen sus papas.

También sus manos, sus pies ¡qué novedad cuando los descubre!. También son momentos de juego el baño, un baño con patitos, botes, muñequitos. Cuando el bebé comienza a andar empiezan los peligros, los enchufes, los cajones, las sillas, mesas, etc...

Alrededor de los dos años les encanta jugar con cacharritos y construcciones, con cubos, hacer y deshacer torres, puzzles de madera. El mejor juguete no sustituye a los padres. Para qué gastar fortunas si nos valen unas cajas, unos envases de yogur vacío, las pinzas de colores de la ropa, unos trozos de tela... Que decir de las salidas al campo y de los viajes. Correr, recoger hojas del suelo, oír el viento, ver el sol, los colores, en resumen gozar de la Creación.

En los viajes podemos cantar, ver pueblos al pasar, buscar los toros de Osborne al borde de la carretera. Desde muy pequeños se les puede hacer disfrutar de los colores, olores, paisajes. De esta manera de mayores serán personas sensibles, observadoras.

Llegamos a los 4/5 años, y entramos en la etapa del "juego en serio", y empezamos a preparar a futuros estudiantes, profesionales serios y no chapuceros. Esto lo podemos conseguir ayudando a elegir un juguete o juego, y aguantar un tiempo con él, no dejándonos llevar del capricho, no cambiando de juego cada minuto. Recoger un juguete antes de sacar otro también es importante, y estamos educando en el orden.

¿Porqué es esta edad la edad del juego por excelencia?. Básicamente porque en ella se dan el afán de imitar, el ansia de repetir, la constante actividad y la satisfacción de aprender. Y es que los niños aprenden jugando, su experiencia y conocimiento se basa en el juego. Todo lo que hacen los niños es un juego: vestirse, ordenar su cuarto, pintar, usar plastilina, hacer puzzles, etc.

Por medio del juego aprenden a elegir, a responsabilizarse, a recoger cuando terminan. Son mas útiles los juguetes baratos y sin pilas que los sofisticados, con estos últimos se dedican a mirar y desarrollan poco sus potencialidades. Merece la pena jugar a los tradicionales juegos de mesa, en los que participa toda la familia, al “veo, veo”, a las adivinanzas, etc...

El juego y el juguete son un tema inacabable y no pretendemos acabarlo, sirvan estas líneas para concienciarnos de su importancia.

¿SABÍAS QUE...?

-Toda la actividad del niño es un juego.

-Enseñando a jugar estamos preparándoles para estudiar y trabajar.

-Es preferible una caja, una tela y un muelle que el último juego electrónico anunciado en la televisión.

-Es preferible el juego al juguete.

-Jugar con nuestros hijos nos acerca a ellos.

-El mejor juguete de los hijos son los padres

TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN

Pocos temas suscitan tanta polémica en los últimos tiempos como el de la televisión. Acérrimos defensores y detractores feroces se enfrentan en una dialéctica que, como casi todo en la vida, tiene un punto medio.

¿Es la televisión algo bueno en sí mismo o es un arma de destrozar mentes? Ni lo uno ni lo otro. La TV en si misma considerada es un medio, un electrodoméstico que será bueno o malo según el uso que de él hagamos. La televisión es un medio.

Si hacemos un buen uso de ella será una herramienta estupenda para ayudarnos en la educación de nuestros hijos, si la usamos como niñera será un desastre; si a través de ella se dan pautas buenas de comportamiento, si con ello se forma al individuo será estupendo, si con ella se deforman las conciencias será un arma de hacer el mal.

El buen uso de la televisión La televisión actúa sobre la voluntad del individuo hasta anularla a veces. Según el profesor Pinillos se puede dar en un televidente el mismo electroencefalograma que en un hipnotizado.

Los niños aprenden más cuanta más atención prestan, y así como un niño de 10 años en el colegio atiende un 50% del tiempo, en casa lo hace un 27% y ante la televisión un 95%.

Usemos la TV para enviar mensajes positivos La televisión nos manda normalmente normas de comportamiento, vivencias, patrones de conducta, modelos sociales, anuncios dirigidos a mover la voluntad.

La mayoría de los objetivos de la televisión son económicos y políticos. Si la televisión es tan poderosa, si incide tanto en el comportamiento ¿por qué no enviar a través de ella conductas buenas, normas éticas, etc... ?. Con poco esfuerzo estaríamos ayudando a nuestros hijos.

Ocurre que es difícil controlar qué ven nuestros hijos. Anuncios, películas no aptas pueden ser vistas por los niños a cualquier hora, así que la única solución es ver la televisión con ellos, y comentar y hablar con ellos los que estamos viendo, de esta manera estaremos educándoles el sentido crítico.

También tenemos que educar en horarios, que día se ve la tele, a que hora, que programas y no caer en el truco de encender el televisor a ver que ponen. Es fundamental el lugar físico que ocupa la tele, el número de aparatos que hay en casa, etc... Si este artefacto es el centro del salón lo normal será que esté encendido todo el día, pero si está dentro de un mueble, debajo de las faldas de una mesa camilla, etc... no la veremos y no nos provocará.

Conozco familias que lo han hecho y con unos resultados formidables. Resulta lamentable que cada miembro de la familia tenga un aparato de tv en su cuarto, como es lamentable que momentos tan entrañables como las comidas se vean interrumpidos por la televisión, tertulias entrañables que no se realizan y que impide que la familia se comunique.

Sugiero el uso del vídeo. Las películas no son cortadas por la publicidad, sabemos que vamos a ver, sirven para aprender idiomas, fomentar la memoria a base de ver la misma película varias veces, se pueden pasar momentos familiares estupendos. Frente a la televisión, el vídeo.

La televisión y el ocio Así como la lectura, la música, el juego, etc... fomentas la imaginación y otras capacidades, la participación, la creatividad, la televisión mal usada crea seres pasivos, acríticos, sin ideas propias.

Cuentan que una familia en la que el hijo “devoraba” televisión, se vio sorprendida al estropearse la misma. La llevaron a reparar y ante el disgusto general el técnico les dijo que tardaría varios días en arreglarla. El padre para pasar el rato decidió ponerse a jugar con su hijo, cosa que nunca había hecho, hablaron, leyeron juntos y cuando recogieron el televisor arreglado se sentaron a verlo, y ante el asombro paternal, el hijo dijo: “¿Por qué no jugamos a que se estropeaba la televisión?”.

La tele no es una niñera. Como siempre el ejemplo de los padres es fundamental, si son unos teleadictos difícilmente conseguirán que su hijo no lo sea.

Consejos:

-Coloque la televisión en un sitio de difícil acceso y que no se vea.

-Programe semanalmente que van a ver.

-No enciendan la televisión a ver que ponen.

-Seleccione buenos videos.

-No prohíba ver la televisión, hágase cómplice del niño, provoque otras actividades, intente que sea el niño quién apague el receptor.

-Cuando su hijo vea televisión, véala con él, hágale crítico ante los anuncios, dele pautas.

-Con un aparato por cada sobra, y no hace falta que sea el último grito, basta con un pequeño televisor.

¿NIÑOS CONFLICTIVOS?

1381881315En los últimos días varios de los comentarios que amables lectores de Ser Audaces han dejado en éste Blog coinciden en la misma situación: les cuesta hacerse obedecer por sus hijos de edades de 3 a 5 años: cuando lo intentan surgen conflictos.

Resultaría una frivolidad por mi parte querer resolver su situación de una manera tan impersonal, sin embargo si que puedo transmitir algunos consejos generales que les puedan servir:

Alrededor de los tres años de edad los niños pasan por una etapa psicológica de reafirmación de su personalidad que se caracteriza por una mayor desobediencia y tendencia a organizar “escenitas” en el momento mas inoportuno. Esto pone muy nerviosos a los padres que suelen reaccionar con mas o menos agresividad, lo cual retroalimenta la del niño.

La educación no es una cuestión matemática, y de la misma manera que hay niños que superan esta etapa rápidamente y sin mayor problema, hay otros a los que les dura mayor tiempo y mas intensamente. Depende de múltiples factores.

Entra dentro de la normalidad que los niños de alrededor de tres años desobedezcan, se enfrenten y generen tensión. Sin embargo, aún siendo normal no debe ser consentido.

¿Cómo actuar? Me parece que es fundamental que los padres tengan un objetivo educativo para sus hijos. Éste objetivo debe de ir ligado a la transmisión de virtudes humanas y a éstas edades tan tempranas esto se consigue por medio de la repetición de hábitos. En éste Blog pueden verse cuales son las propias de cada edad.

En resumen y para no alargarme:

1-Tener en cuenta las características psicológicas de cada niño según su edad.

2-Marcarse un objetivo educativo que nos ayude a centrar la tarea.

3-Buscar el mejor momento para transmitir esas virtudes e inculcar hábitos.

4-Evitar las situaciones de enfrentamiento con cariño y mano izquierda.

4-Ser exigentes en lo fundamental, en lo ligado al objetivo educativo.

5-Educar es una tarea difícil pero no imposible, no rendirse. 

6-Ante todo amar y transmitir amor. Buscar y provocar momentos agradables, jugar con los niños, achucharles.

7-Conjugar exigencia y cariño.

8-Convencerse de que los niños necesitan que actuemos de esa manera y que no hacerlo sería traicionarles, aunque nos resulte mas cómodo dejar pasar.

Me parece muy importante c onsultar buenos libros y asesorarse de buenos profesionales. Para España recomiendo la web del Instituto de Iniciativas de Orientación Familiar y para el resto del mundo la de International Federation for Family Development.

LA EXCELENCIA EN LA EDUCACIÓN

Images_23Dentro de lo que se denomina el Marco Antropológico de la educación destacan dos temas sobre los que versa ésta consideración que hago hoy: Los criterios de vida y los modelos familiares.

La base de la educación son los criterios de vida. Estos se consiguen por medio de un modelo educativo permanente y un ideario familiar-escolar y la base es el amor, la confianza y la personalización de la educación.

La fuerza de los padres es el amor. No es cuestión de hacer mucho sino de hacerlo adecuadamente. Es necesario transformar el amor espontáneo, el sentimiento que naturalmente sienten los padres , por un amor de benevolencia que busca el bien de los hijos.

Los padres deben tener pasión por la calidad educativa desde el inicio, desde la concepción del hijo. Es necesario tener un modelo educativo permanente, y el comportamiento habitual de los padres debe ser fiel a ese modelo.

¿En que ambiente se pueden conseguir tan altas metas? Ante todo en un ambiente de confianza y personalización. Los padres deben tomar la iniciativa y ser fieles al ideal en todo momento.

Mirar a los ojos, dar modelos positivos y alegres, alabar y reconocer lo bueno del hijo, no comparar con otros, exigir a cada uno, escuchar antes de hablar, son pautas que crean un ambiente favorable.

En la familia debe existir un mínimo normativo para todos, que puede centrarse en la comida, el sueño, el orden y la higiene. Estos cuatro hábitos básicos pueden ser el esqueleto del proyecto educativo. Para ello es necesario reforzar los puntos fuertes de cada hijo y, sobretodo, estar de acuerdo el padre y la madre.

Hacer cosas con el niño en vez de hacerlas por él, ante una pregunta hacerle pensar en vez de responderle inmediatamente, son algunas ideas que pueden orientar la labor de los padres.

Ante una conducta no deseada, el castigo solamente enseña acerca del uso del poder, pero no acerca de cómo y porqué comportarse correctamente. Si algo va mal ¿qué podemos hacer para solucionarlo? Resolver problemas juntos es dar un voto de confianza e intimidad al hijo.

Las normas de comportamiento serán útiles a los hijos para una buena integración familiar y social, y esto se consigue por medio de la disciplina. La disciplina es, a la vez que un mecanismo de control de uno mismo, una herramienta que ayuda a interiorizar valores y proporciona seguridad emocional.

Por otro lado, la formación de la voluntad, unida a la disciplina, requiere que los padres sepan decir que no. El proceso educativo implica a la inteligencia y a la voluntad. La inteligencia por medio de la información y los buenos criterios de los que se hablaba al principio de esta Nota, y la voluntad llevando al niño a hacer aquello que, le apetezca o no, sea bueno y evitando aquello que es malo para el mismo. Es muy gráfico el ejemplo del estudiante de 10 años quién, a pesar de apetecerle jugar, es capaz de ponerse a estudiar porque sabe que es lo que debe hacer. Cuanto fracaso escolar y universitario se conseguiría educando la voluntad.

Es necesario y los hijos tienen derecho a que sus padres sean valientes y sepan decir que no. Tomando un modelo o ideario claro es fácil saber en que decir que no. Todo ello en un ambiente amable, de confianza, y sobretodo de cariño, con unos padres sin sentimientos de culpa por negar algo al niño. La fortaleza es la virtud de los convencidos.

Los niños deben aprender a obedecer de manera inteligente, sabiendo el porqué y para ello es bueno, óptimo, buscar los talentos de los hijos. Buscar lo bueno, siempre lo hay, y apoyarse en ello.

Descendiendo a detalles prácticos podemos subrayar como ideas del modelo familiar las siguientes:

Enseñar con el ejemplo, haciendo con él/ella

Oír con interés

La referencia religiosa compromete mas al educador

Evitar cuidados de personas que no estén de acuerdo o en la línea del estilo familiar.

A mayor número de hermanos, mayor número de relaciones.

Buscar momentos para estar a solas con cada hijo.

Tener como ilusión que el hijo sea mejor que yo.

Un campo interesante y a tener muy en cuenta es el de la comunicación no verbal: las formas y los gestos. A los hijos hay que hablarles de modo sencillo, no es cierto que las palabras se las lleva el viento (cuidar lo que se dice), no dejar preguntas sin contestar, procurar que los gestos y posturas se correspondan con lo que se dice (fuera el periódico mientras me hablan).

Frente a la frase tan oída “me gustaría tener mas tiempo para mis hijos…” tener presente que el cariño y la amistad se forjan en lo ordinario. Aprovechar gestos, miradas… para transmitir cariño, aceptación, confianza.

La Excelencia que tanto se busca en las escuelas de negocios, se forja en un hogar y una familia que lleve a cabo las ideas expuestas anteriormente. Los problemas de la educación no están en las nubes, son muy concretos y comienzan por los cuatro hábitos básicos, hábitos que se pueden inculcar todos los días sin buscar situaciones raras o forzadas: comida, sueño, orden e higiene. A partir de aquí, a los padres se les abre un panorama inmenso y cuando las cosas se hacen sabiendo porqué se obtiene más eficacia.

Por último, es recomendable buscar tareas cotidianas, domesticas para que el niño sienta la alegría de decir ¡lo he hecho yo!. Aprovechar las vacaciones, los pequeños arreglos en casa.

Como colofón no perder de vista lo nefasto de acostumbrarse al otro, ya sea el cónyuge o los hijos. Recuperar el sentido del asombro ante la vida y transmitirlo a los demás. Si algo se hace bien, alabar y si se hace mal buscar como mejorar.