Los buenos libros siempre han tenido un gran valor pedagógico. Además de entretener, ayudan a pensar, razonar, dejan tiempo para reflexionar, fomentan la imaginación. Me gustan, en particular las biografías de personas o personajes que luchan por sus ideales, por ser mejores, más humanos. Que buscan la respuesta mejor a situaciones que se les plantean y no sencillamente la más fácil. Los libros pueden ser una gran ayuda en la labor educativa de los padres. Ofrecer y animar a los hijos a leer biografias ayuda a que vaya calando en ellos el deseo de ser mejores.
Sin embargo hoy no quería escribir sobre libros sino sobre buen cine, que no es sinónimo necesariamente de grandes presupuestos, premios, marketing, etc.... Muchas veces a este tipo de películas les pasa lo que a los best sellers, mucho marketing, mucha técnica para atrapar la atención y en el fondo ¡nada!
Me alegra mucho contemplar el resurgimiento del cine europeo, especialmente alemán y francés, de los últimos años. He podido disfrutar de películas como "El noveno día", "Bienvenido al norte", "La alegría de vivir" y este fin de semana de
"Un verano en la Provenza" y la irlandesa
"Once".
"Un verano en la Provenza" resalta la capacidad redentora del amor verdadero, el que nos hace querer ser mejores. "Once" rompe todos los moldes del pensamiento dominante sobre el amor, la sexualidad y el matrimonio y, sobre todo, se atreve a ofrece salidas alternativas a situaciones como las que se plantean en la película. Recomiendo ambas películas para ver en familia con hijos adolescentes, se disfruta viéndolas y dan mucho que hablar.