Respuesta de Jose Antonio Marina a mi carta abierta
Jose Antonio Marina ha tenido a bien contestarme a la carta abierta que le dirigí el viernes con motivo de unas polémicas declaraciones que pronunció y en las que negaba la competencia de los padres en la educación moral que damos a nuestros hijos. Le agradezco su contestación que publico a continuación y que no hace más que confirmar mi desacuerdo con su actuación y manifestaciones públicas con respecto a EpC. Al final de su respuesta escribo yo la mía:
"Estimado amigo: Como puede verse por mis escritos, soy un defensos de la objeción de conciencia como gran creación de la ética laica, porque protege a la sociedad civil frebnte al Estado. De manera que me parece muy bien que hayan objetado. Creo, sin embargo, que en este caso la objeción no está fundamentada, pero eso es cosa de los jueces.
La frase que le ha irritado significa tan solo lo siguiente: el estatus de padre no confere infalibilidad educativa. Hay padres que educan bien y otros que educan mal. Sin duda alguna las grandes virtude se aprenden en familia, y tambien los prejuicios de todo tipo -socialers, políticom religiosos- se transmiten a través de ella. ¿Donde cree que han aprendido los racistas negros americanos su fanatismo?¿Y donde aprendieron el machismo los españoles durante siglos?¿Y los mártires de Al'a, y los terroristas vascos? En este asunto se ha hablado mucho del "derecho de los padres a educar". Es el niño quien tiene el derecho aser bien educado. Y en esa buena educación, debemos colaborar todos. Que se haya organizado este barullo por una asignatura que ya se estaba dando a traves de la asignatura de etica, de las asignaturas transversales en valores morales, y de las tutorias, me parece incomprensible. ¿Por qué no organizn los padres manifestaciones y pleitos contra las televisiones,que son las que están verdaderamente educando en valores a sus hijos?" J.A. Marina
La respuesta de Jose Antonio Marina no hace más que ahondar más en nuestras diferencias y demuestra que sigue reafirmandose, al igual que otros gobernantes, politicos e intelectuales, como una especie de iluminado llamado a salvar a sus iguales. Sus ejemplos sobre el racismo, el machismo y el terrorismo me han hecho alucinar, y demuestran una vez más la poca confianza que tiene en las personas y el pobre concepto que tiene sobre el papel de los padres y madres. Para usted el racismo, el machismo y el terrorismo son históricamente responsabilidad de los padres. ¿No tiene ninguna responsabilidad la sociedad, la escuela o los medios de comunicación en esos males que señala?, ¿Fueron y son responsabilidad exclusiva de los padres el que los hijos sean machistas, terroristas o racistas?.
Le vuelvo a repetir la pregunta de la carta abierta ¿Quién se cree usted que es para juzgar la labor o la competencia de los padres?. La frase que dice que me ha irritado significa lo que significa: "No me voy a fiar de la educación moral que les den sus padres". Le vuelvo a repetir ¿Quién es usted para plantear esa afirmación?, ¿De dónde imana su derecho a dudar del papel de los padres y atribuirse la capacidad de juzgarnos capaces o no?.
A lo largo de la historia ha habido muchas personas que se han creido elegidos para iluminar, dirigir o salvar a sus iguales sin que nadie les hubiera llamado. Humildemente me permito repetirle mi consejo de la carta abierta, como parte de la comunidad educativa colabore con los padres en la tarea de educar ciudadanos responsables y libres, ¡¡c-o-l-a-b-o-r-e!! pero no se arrogue derechos que nadie le ha dado, no se cruce en nuestro camino. No está legitimado para suplantarnos, nuestros hijos son responsabilidad nuestra. Vivimos en una Nación libre y democrática, sólo los totalitarismos como el nazismo o el comunismo se han considerado dueños de los niños.
Considero que mi papel como padre no consiste en dar alimento y ropa a mis hijos, tampoco en dejarles una herencia material. Lo principal y más sagrado para mi es transmitir a mis hijos unas creencias y principios. Sus palabras me reafirman en el peligro y caracter doctrinario de la asignatura EpC.
Por último, señor Marina, permítame que le haga pública el arma secreta más potente con la que cuento para educar a mis hijos: el amor profundo que les tengo. Ni las instituciones, ni la comunidad educativa y mucho menos el Estado saben de eso.






























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