Acabo de terminar de leer La bodega, el último libro de Noah Gordon; se trata de una historia enclavada en la España del S. XVIII. En esta novela he visto bien plasmadas virtudes como la laboriosidad, la humildad, la fidelidad, el arrepentimiento y el perdón, así como la consideración y el respeto a las generaciones pasadas sobre las que se ha ido construyendo el mundo hasta el presente.
Su lectura me ha hecho reconsiderar que el hombre necesita tener raíces y pasado. Sin duda el pasado es una gran reserva de sabiduría, y pienso que uno de los mayores pecados del hombre moderno es querer construir sobre lo momentáneo obviando lo pasado al creerlo superado.
Recordaba aquello que dejó escrito Burke, “el individuo es estúpido, pero la especie es sabia” y me venía a la mente el exceso de superficialidad del hombre “moderno”, tan lleno de soberbia y prepotencia que cree que el mundo actual es obra exclusivamente suya.
En la última página de La bodega, y ante el éxito de la cosecha; el protagonista mientras pisa la uva, considera:
“Lo invadió un lamento repentino por el hecho de que su padre no hubiera vivido lo suficiente para conocer a aquel muchacho y a su madre. Que su padre no hubiera sido testigo de todo lo que había pasado en la viña de los Álvarez. Que Marcel Álvarez no fuera a probar su vino jamás.
Sabía que se sostenía sobre los hombros de su padre, así como sobre los de quienes le habían precedido (….). Tuvo una visión repentina y mareante de todos sus antepasados en un castillo humano en el que cada generación lo alzaba a él más y más arriba sobre sus hombros hasta un punto en que ya no le alcanzaba el sonido de las grallas y de los tambores. Un castillo de mil pisos”
Chesterton citaba la “democracia de los muertos” y reivindicaba la sabiduría de las generaciones anteriores, miles y miles de hombres y mujeres de los que mucho podemos aprender. Estas ideas están muy lejos del pensamiento actual que domina buena parte de las decisiones políticas: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.
Nota: Mi post de hoy no tiene la intencionalidad de recomendar la lectura del libro de Gordon, un bestseller que recurre una y otra vez, como todos los de su estilo, a pasajes eróticos que no aportan nada.
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