El escándalo que se organizó en Ratisbona a raiz del discurso sobre fe y razón de Benedicto XVI me animó a leerlo. Lo mismo me ocurrió tras la concentración de familias cristianas celebrada en Madrid el pasado 30 de diciembre, concentración a la que no asistí. Fueron tantas las simplezas e insultos que desde sectores laicistas se lanzaron contra las intervenciones de los Cardenales Rouco y Garcia Gasco que me animé a leer ambas intervenciones.
Hace unos días uno laicistas impidieron que Benedicto XVI pudiera pronunciar un discurso en la Universidad de La Sapienza. Una vez más esto me animó a leer el discurso que tenía preparado. Todos estos sucesos me han animado a su vez a leer la Enciclica Fides et ratio de Juan Pablo II.
No me ha sorprendido, pero lo común a todos los textos leídos es una invitación a los hombres a buscar la verdad. No he leído nada que suponga imposición o ataques a la libertad.
Por esto me extraña la displicencia con que se suelen despachar las intervenciones de miembros de la jerarquía católica por parte de personas que normalmente no hacen sino repetir "lugares comunes" de corta y pega. Es fácil llegar a esta conclusión si se analiza el tiempo que tardan en emitir su opinión, normalmente suele ser instántaneo, sin tiempo para haber leído y analizado lo expuesto.
He buscado en internet el curriculum académico de Karol Wojtila, de Josep Ratzinger, de Antonio Mª. Rouco y de Agustin García Gasco y, objetivamente, nos encontramos antes universitarios de una altura intelectual impresionante. Se podrá estar de acuerdo o no con lo que dicen, pero su rechazo con frases hechas supone un insulto a la inteligencia.
Otrosí: hace unos días los obispos de Andalucia han publicado unas consideraciones para orientar el voto en conciencia de los católicos. Dichas reflexiones denuncian la corrupción, la especulación, los sueldos bajos, la no cualificación de los obreros, la defensa de la familia y el derecho a la vida. Rápidamente los laicistas se han lanzado a su yugular para denunciar su "intromisión" en la política.
A los laicistas parece no gustarles el libre pensamiento, que la Iglesia vaya por libre, que los ciudadanos puedan pensar y ser críticos. Parece que les anima más el adoctrinamiento de los niños en la escuela, la vigilancia de los medios de comunicación (CAC), los intentos de clausura de emisoras de radio críticas ..... ¿llegarán a la quema de libros?.
A pesar de todo, tengo que expresar mi más profundo agradecimiento a los laicistas. Me han ayudado a interesarme por lo que escriben y dicen los obispos.
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